A los 2 mis ya aceleradas revoluciones invadían mi ser, tratando de conocer todo camino que se me cruzara, por lo que nunca pude gatear sino que aprendí a caminar de frente.
A los 3, mi papá se afeitó el bigote y no lo reconocí por una semana (hasta que le volvió a crecer), le decía “señor” y no dejaba que me cargara, ni siquiera que se me acercara. Mi papá

A los 4 me dieron la peor y la mejor noticia hasta entonces. ¿La mejor? Iba a tener una hermanita, con la cual jugar, cuidar y querer. ¿La peor? Se me acababa mi reinado de “ la hijita menor”!!!! , la engreída y favorita de papi (ke admito nunca dejé de serlo, pero en ese momento me sentí amenazada), la atracción de todos mis tíos y amigos de mis papás, la novedad de la casa.
A los 5 mi aversión hacia el hecho de estar en la playa, con zapatillas o cualquier tipo de zapato que no te deje sentir la arena en los pies, hicieron que riendo alegremente, juegue “chapadas” descalza bajo la luz de la luna en un campamento, hasta que sin darme cuenta corrí y terminé encima de todas las maderas aún ardientes de lo que hace minutos había sido nuestra fogata. Obviamente me quemé los pies terriblemente y quedé con ampollas y los pies en mis baldes para hacer castillos que ahora servían como recipientes con hielo y agua helada donde mis pies reposaban del ardor.
Llegar

Desde ahí pido permiso antes de comerme la comida que veo, pero muchas veces aún no he oído la respuesta y ya me la estoy comiendo.
A los 7 ya estaba en el mundo del colegio, donde sin saberlo y a regañadientes aprendí a valerme por mí misma, a gritar al mundo mis opiniones y a defender lo que siento y pienso, así me gane los problemas u enredos más grandes de ese mundo, pero de los cuales estoy más orgullosa.
P.D.: Esta última foto es de mis favoritas de todos los tiempos, es de mi primer pasaporte, el cual indica que medía 90 cms.
